domingo, 11 de octubre de 2009

¿Y NUESTRAS BECADAS?


BECADA Scolopax rusticola
En La Rioja gozamos de tener una de las poblaciones indigenas más meridionales del área de distribución de la Becada Scolopax rusticola; se trata de una población relicta de un área seguramente más extendidada en la última era glacial y que ahora permanece acantonada en los bosques más humedos y fríos de nuestra región, comportandose como sedentaria y posiblemente compuesta por no mucho más de un centenar de individuos.
Se desconoce casi todo de esta población riojana, apenas que algunas parejas sobreviven en las zonas forestales más maduras, pobladas sobre todo por hayas y robles, de las sierras de La Demanda, Urbión y Cebollera, y también en menor medida, las sierras del Serradero, Moncalvillo, Sierra la Hez, Ajamil o Hayedo de Santiago.
Junto a la población indigena y sedentaria, en La Rioja existe otra población de esta especie que es la migrante e invernante, procedente del centro y norte de Europa, mucho más numerosa que la autóctona y presente desde octubre a marzo, época esta en la que ambas poblaciones coinciden en las mismas localidades.
Quizás hasta hace pocos años el mayor riesgo de la población era esa misma situación de marginalidad areal, su aislamiento, pero desde varias temporadas un nuevo peligro se cierne sobre estas aves: la caza.
La caza menor en La Rioja tradicionalmente se practicaba en zonas abiertas como rastrojeras, eriales, campos de labor o zonas de matorral bajo, no cazandose por esta modalidad en el interior o la proximidad del bosque salvo la paloma desde puesto de fijo en migración, quedando la caza en zonas forestales reservada a especies de caza mayor, no siendo la Becada objeto de caza salvo el disparo casual a algún invernante en el valle, dado que además no existía tradición cinegética que tuviese por objeto a esta especie; pero desde hace varios años, la cercanía del País Vasco, donde la Becada si se trata de una modalidad tradicional de caza, la presencia cada vez mayor en La Rioja de cazadores procedentes de aquella comunidad, la escasez creciente de piezas de caza tradicionales (perdiz, liebre, conejo) y el interés de muchos cazadores en poder cazar en terreno forestal cerrado (no se sabe bien con que objeto), han supuesto la escusa para crearse en muchos cotos zonas de caza de becada, por supuesto forestales, coincidiendo en muchos casos con los parajes donde la Becada indigena se reproduce.
Debido a lo dicho, ahora, aunque la mayor parte de los individuos matados seguramente proceden de poblaciones europeas, entre ellos sin duda cada temporada se abatiran ejemplares indigenas, debido a que los individuos de una y otra población son indistinguibles en el campo, con la consiguiente merma de efectivos autóctonos.
Debieran emprenderse por parte de la administración medioambiental riojana los estudios necesarios para delimitar las áreas donde la población indigena aún sobrevive, tratando de limitar posteriormente la caza de la Becada en estos lugares, pues de continuar el aumento de aficcionados a la caza de esta especie en pocos años podriamos quedarnos sin población reproductora.

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