sábado, 1 de agosto de 2009

AFICIÓN CON COMPROMISO

La afición a la observación de las aves silvestres es un hobby en auge, pero que a diferencia de otras actividades de ocio (juegos, deportes, etc.), carece de unas reglas o normas para su ejercicio, desarrollandolo cada seguidor a su manera, adaptandolo a sus propios gustos, necesidades y posibilidades. Quizas a todos los aficionados a la Ornitología les una un gusto común en el placer puramente estético de la observación de estos animales, pera el modo de conseguir este objetivo y el desarrollo del mismo es muy variable.
Todos los observadores de aves (no ornitólogos sino más lo que se ha generalizado como birdwatching) empiezan acercandose a la naturaleza, primero cerca de sus domicilios y cada vez alejandose más de los mismos, tratando de observar a las aves silvestres en su medio e identificandolas por especies, de tal modo que con frecuencia la aficción no llega a ser más que un ejercicio de identificación, semejante a la de los niños que reconocen marcas de coches, de motos o estrellas del futbol; a partir de aquí el aficionado suele optar por dos caminos, a veces entrecruzados, uno el que lleva a descubrir cada vez que sale una nueva especie nunca por él vista hasta entonces ("bimbo"), tachandola de su listado de objetivos, y otro el que sistemáticamente anota la observación y sus detalles y la almacena para un posible uso posterior.
El primer modo de proceder no es sino un mero coleccionismo de especies con el único resultado de un intenso ejercicio de identificación, acumulación de viajes y una mínima introducción en la naturaleza intima de las aves. Este modo de entender la Ornitología es quizás el más básico, el que más adeptos obtiene, pero también seguramente el más efímero, pues con cada especie nueva observada es más díficil ver una más y muchas aficiones se agotan así en pocos años.
El segundo camino del aficionado novel, el de aquel que anota todo cuanto puede tras una observación, llega a obtener el mismo beneficio que quién siguió el camino anterior, pero sólo con un poco más de trabajo, puede a posteriori interpretar en mayor o menor grado lo visto, se inicia en aspectos básicos como la fenología al anotar fechas de observación, de la demografía al tomar datos sobre número de individuos, de la ecología situando cada observación en un determinado hábitat, la biogeografía al crear listados locales o regionales, etc. Este segundo camino del observador de aves es sin duda más completo que el primero, pero en si mismo sólo permite dotar de conocimientos y experiencia al propio observador, el cual puede optar por dos nuevos caminos, el del que atesora conocimientos sin compartirlos con otros aficionados y el del que opta por hacer participe a los demás observadores de sus conocimientos, tratando al mismo tiempo de obtener los recogidos por ellos.
El observador sistemático pero celoso de su propio "tesoro" de conocimientos, introduce numerosos errores personales con pocas posibilidades de corrección que se limitarían con la participación de otros "ojos", obteniendose además un conocimiento real muy limitado por el reducido número de la muestra analizada; es sin duda un esfuerzo en gran parte inútil.
Por otro lado el observador sistemático que difunde sus observaciones, su actividad y sus conclusiones, forma parte de un grupo con una experiencia compartida mucho más amplia, sometido no a un sólo punto de vista sino de varios, pudiendo establecer interpretaciones de las observaciones con un número mucho mayor de datos analizables. Este modo de proceder, que dá lugar a grupos de observadores, es sin duda la base de la Ornitología para aficionados y el germen del desarrollo de esta actividad no sólo como hobby sino también de posibles futuras dedicaciones profesionales.










Pero al igual que los aficionados, los grupos tampoco son homogéneos y la variedad reside en los objetivos, tendencias, gustos, etc de la mayoría de sus integrantes. Hay grupos que tienen por objetivo principal el mero placer en la observación pura de las aves, mientras que otros, tienden a la especialización y así, aparecen los grupos dedicados entre otros al estudio de aspectos biológicos, demográficos, etológicos, etc., de las aves, otros trabajan en la protección y la conservación de las mismas, mientras que otros grupos (también a nivel individual) se decantan entre otras por actividades muy concretas como el el anillamiento, la telemetría o la fotografia.
La afición ornitológica especializada con frecuencia dá lugar al desarrollo de una actividad profesional, pero cuando se atomiza en demasía puede retroceder hacia modelos muy básicos, valga el ejemplo de los anilladores de aves que "bimbean" nuevas especies capturadas en lugar de incorporarse a programas justificados de marcaje, o de los fotógrafos de aves que "bimbean" nuevas especies para su album personal, sin detenerse a pensar demasiado en los medios más o menos éticos utilizados para obtener cada una de sus fotos.




El propio acervo cultural humano, con miles de años sustentado en una actividad de supervivencia, debe influir sin duda en la determinación de las tendencias, gustos y apetencias; el hombre recolector y cazador ha llegado casi hasta nuestros días, y ahora, una actividad como la de la caza, sin ningún sentido para el hombre actual, asoma imperceptiblemente en el observador de aves; el hacer largos viajes para ampliar la lista de "bimbos", el correr y ocupar gran parte del tiempo tratando de capturar para su marcaje un pequeño paseriforme divagante con casi nulas posibilidades de control posterior, o la fotografía casi furtiva a distancias poco recomendables de determinadas especies amenazadas no parece responder a otra cosa que a ese instinto ancestral de captura y posesión del animal.




Vemos pues como la observación de las aves como afición responde a gustos propios con quizás algo de instinto primigeneo e innato, es un a actividad que se diversifica y desarrrolla, en unos casos sólo como satisfacciòn personal, pero que puede tornarse en colectiva, de tal modo que puede dar lugar a la reunión de un amplio conocimiento que llega a trascender la pura afición individual.
Todas las manifestaciones y variables de la afición pueden ser plenamente respetables, desde la colección de "bimbos" a la realización de un sesudo estudio demográfico, ecológico, biológico u etólogico de determinada población de aves, pero cuando la afición se desarrolla suficientemente, siempre se concluye en que por ser las aves el objetivo último de la actividad, nunca debieramos transgredir con la misma la integridad de aquellas, de los individuos, las poblaciones, sus hábitats y sus costumbres, tendiendo por tanto con nuestras observaciones a colaborar en el conocimiento cada vez más profundo de las especies y propiciar su conservación, respetando los observadores de aves más que nadie, como no siempre ocurre, un código ético (y legal que también existe) necesario para que la afición perdure al menos como hasta nuestros días.

2 comentarios:

  1. Hola Ignacio. Soy Mariano Fernández de aves139.blogspot.com
    Por favor, ponte en contacto conmigo cuando puedas para comentarte una cosa.
    mariano_fdez@terra.us (cambia la u por una e)

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  2. Gran disertación. Muy bien puntualizado. Seguro que es el resultado de muchas horas de pensamientos. Saludos.

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